domingo, 17 de abril de 2011

El paso suspendido de la cigüeña de Theo Angelopoulos











Angelopulos acababa de alcanzar fama mundial por su película Paisaje en la niebla (1988), ganadora en el Festival de Venecia. Aprovechó esa ola para convocar en 1991 a Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau en favor de una causa justa: un filme sobre el conflicto en los Balcanes, sobre las fronteras y los refugiados humanitarios. Grecia estaba recibiendo a miles de migrantes procedentes de Europa del Este y el Medio Oriente. Pero el arte comprometido es el más difícil. El resultado fue mediano. La gran belleza de las imágenes no hace necesariamente una gran historia. En este caso, la estructura compleja del guión (que entrelaza, de un lado, una historia de amor entre un periodista y una joven refugiada con, por el otro, el suspenso de la búsqueda casi policíaca de una desaparición) no se refleja en la narración cuidadosa de la historia. Filme plagado de elipsis, nos preguntamos ¿por qué se involucraron esos dos? ¿qué se dijeron? ¿por qué se separaron?
Hay, sin embargo, aspectos importantes de este filme para la actualidad. En México, se suele hacer cine crítico de la realidad social y política mediante los géneros de la comedia satífica y de la comedia negra (pienso en La ley de Herodes y El infierno de Luis Estrada). Pero la violencia brutal y las masacres cotidianas han llegado a un grado tal que no podemos seguir mofándonos de la realidad.
En la cinta de Angelopoulos, a la inversa del poeta mexicano Javier Sicilia que abandonó la poesía para dedicarse a la lucha política, Mastroianni encarna a un político que renuncia a su profesión en busca de la poesía. Personaje extraño, se trata de un
migrante que viaja a contraflujo de los refugiados, que abandona una vida exitosa para dirigirse siempre hacia paisajes cada vez más injustos y desoladores. Pero el misterio artificial de este filme que, por sus elipsis, es quizá imposible de descifrar, no nos impide reconocer la importancia de que directores consagrados aborden la actualidad política desde su cine "de autor". Cuando la tentativa no se logra completamente desde el punto de vista de la trascendencia formal de la cinta y del disfrute que ofrece al espectador, de todos modos la obra se convierte en una experiencia de "frustración fértil", pues nos invita a tratar de comprender nosotros mismos la interrogante irresuelta acerca de las fronteras, la migración y la guerra.
Para quien desee organizar un ciclo de cine sobre migración, El paso suspendido de la cigüeña de Theo Angelopulos es una presencia obligada junto al reciente Biutiful (2010) de Alejandro González Irrárritu.