lunes, 11 de abril de 2011

Sombras en el paraíso de Aki Kaurismäki


Los sectores populares a veces no saben decir las cosas que saben y que quieren. Mezcla de timidez, de hastío de las palabras o de mera falta de costumbre. Eso ocurre con los protagonistas de este filme, de 1986, del finlandés Aki Kaurismäki. Sin verbalizar su vida y su sociedad desde el diván de un psicoanalista o desde un salón de la universidad, los sectores populares comprenden y se arrejuntan. Una vendedora cortejada por el gerente de la tienda puede adquirir conciencia de clase al leerle la mirada. El chofer de un camión de basura es un especialista de la ciudad, de los materiales y de la psicología de la gente perfumada. Pero para probar lo anterior es insuficiente la sociología y se requiere del cine ¿si no es capital financiero, ni cultural, ni social, cómo se llama la riqueza característica de los desposeídos?
La sonoridad de la extraña lengua finesa, pariente de la húngara, es una diversión adicional. "Kuka muka", oímos decir a un personaje, o sea, "vamos a curarte", según los subtítulos, o "¿quién es más?", según el traductor de Google.
Y la extraña sonoridad del español, concretamente de Guty Cárdenas y su canción "Dile a tus ojos", coincide con el clímax de la narración.
Este filme anticipa en varios aspectos "Un hombre sin pasado" que Kaurismäki escribe y dirige en 2002 y que no sólo obtuvo el Gran Premio del Jurado de Cannes sino que es una de las diez películas, de todos los tiempos, que más me gustan.

domingo, 27 de marzo de 2011

Whatever works (Así pasa cuando sucede) de Woody Allen






Boris Yellnikoff, el personaje principal de este filme, es un físico jubilado, experto en mecánica cuántica y teoría de cuerdas que interpreta la historia del universo como una tragedia. Es, más aún, una evocación de Sileno o una reencarnación de Cioran. Sileno era el genio de las fuentes para los griegos: un anciano calvo, encorvado, borracho y muy feo que montaba un asno. Fue quien le espetó al rey Midas aquello de "lo que debes preferir a cualquier otra cossa es no haber nacido, no 'existir', ser 'nada'. Eso es imposible pero, ahora, lo que más te conviene es morir pronto". Cioran, el llamado "vampiro metafísico", es el filósofo rumano que escribió Del incoveniente de haber nacido, entre otros compendios de maldiciones contra la existencia.
Sin embargo, este filme de Woody Allen es mucho más que una representación cinematográfica de esos caracteres nihilistas, dionisiacos. Lo que fue importante del antiguo mito de Sileno para la cultura griega fue el hacer posible a Homero y ser rebasado por éste. Aquiles, el héroe de la Ilíada, es el personaje que alcanza la gloria en un mundo silénico donde sigue siendo verdad que más valía no haber nacido. De igual manera, a lo que sirve la lectura de Cioran no es a suicidarse arrojándose uno por la ventana, sino a fantasear que al defenestrarnos exista en la acera un peatón al que uno le caiga encima y, de paso, que dicho peatón sea un buen amante.
Woody Allen es un dramaturgo clasicista. Esta película no ignora lo que dice Nietzsche en El origen de la tragedia: "La consolación metafísica, que nos deja, toda verdadera tragedia, [es] el pensamiento de que la vida, en el fondo de las cosas, a despecho de la variabilidad de las apariencias, permanece poderosa y llena de alegría."

miércoles, 19 de enero de 2011

"El concierto" de Radu Mihaileanu


Comedia y melodrama acerca de la cultura y la identidad rusas dirigido por el director rumano Radu Mihaileanu y basado en una historia del chileno Héctor Cabello Reyes y del francés Thierry Degrandi. Sólo esa mezcla de cineastas podía explicarnos de forma tan divertida a Tchaikovsky, al antisemitismo soviético y a los clichés asociados al "temperamento eslavo". Protagonizada por auténticos actores rusos, hablada en ruso, la película gira en torno a la pasión por la música rusa. El filme es muy chistoso y es al mismo tiempo conmovedor para quien se deje. Porque para disfrutarlo hace falta un poco de tolerancia al maniqueísmo característico de las telenovelas, esas series con frecuencia mexicanas que fascinan en Europa del Este (particularmente en Rumania y en Rusia) y en las cuales el personaje principal acaba descubriendo que no es un huérfano abandonado por padres insensibles como creía sino el fruto de un amor sin barreras enfrentado al mal abominable. Si el espectador admite que este tipo de rebuscadas anécdotas propias del melodrama pueden servir de estructura hilarante para la comedia, entonces reira y llorará a la vez. Lo más importante es que detrás de los clichés acerca de los rusos (supuestamente impuntuales, desordenados y bebedores empedernidos), el espectador accederá a algunas verdades profundas de ese pueblo multicultural (el asombroso virtuosismo intuitivo de muchos músicos gitanos, la continuidad entre la cultura popular y las grandes obras de la alta cultura, la melancolía de la música ashkenasí, etc).

domingo, 25 de abril de 2010

Las isla siniestra de Scorsese


Shutter Island (2010), pésimamente re-bautizada en español La isla siniestra, del mejor director estadounidense vivo, Martin Scorsese, es un excelente ejemplo de división del trabajo: está basada en la novela best-seller de Dennis Lehane, con un guión de Laeta Kalogridis. Esto se nota en lo cuidado de todos los detalles, que carecen de caprichos de autor, de lapsos de descuido o de improvisación. Todo aquí es profesional y clásico, con homenajes a Hitchcock (Sospecha) y a Kubrick (El resplandor), aunque por la misma razón abunden los lugares comunes (acantilados, plagas de ratas, etcétera).
¿Se trata de un thriller psicológico o político? Esta pregunta no tiene una respuesta objetiva, toca al espectador tomar partido. En todo caso, aun si el filme fuera un thriller psicológico, habría en él una denuncia sutil de la psiquiatría como ejercicio de policía anatomopolítica (ilustrado por la lobotomía), de policía biopolítica (la farmacoterapia) y de policía egopolítica (en el caso del psicoanálisis como tecnología del yo). Y aun si se tratara de un thriller político en el cual el nazismo y la eugenesia sobrevivientes en el seno mismo del capitalismo de la posguerra fueran los villanos, habría de todo modos una denuncia sutil del inconsciente como mala fe (en términos sartreanos). En efecto, asistimos a la historia de un yo que ha huído de sí mismo por horror, o bien a la narración de los horrores de la experimentación institucional con las personas, que manipula sus yo. Ambas historias están contadas y ninguna de las dos es la verdadera (pues, magistralmente, autor, guionista y director dejan abiertas ambas puertas).

domingo, 14 de febrero de 2010

Secretos de un matrimonio de Bergman


Secretos de un matrimonio o Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman (Suecia, 1973) desborda objetividad acerca de algo que no es material y que quizá sea bastante escaso. Para quienes hemos tenido la fortuna de tocar ese algo, esta obra es conmovedora. Esta película parece anticipar al Woody Allen serio, el de Hannah y sus hermanas, entre otros filmes. Bergman es aquí, como Allen apenas unos cuantos años más tarde, un retratista de la pequeña burguesía, un comediante de las costumbres conyugales, un Freud del cine, pero además es un poeta y un filósofo. El humor que tiene Woody y que le falta a Bergman es compensado en el filme por la actuación de Liv Ullmann y sus dientes de conejo (¿acaso anticipa así la moda de Claudia Schiffer?). La historia de Marianne y Johan es una demostración cinematográfica de que el amor no es lo que la mayoría de la gente cree, pero que existe. Este filme inspiró seguramente 5x2 (o Cinq fois deux) del director francés François Ozon (2004), quien tuvo la idea de contar una historia muy similar, también mediante episodios, pero como retrodicción, es decir, invirtiendo su orden.

lunes, 4 de enero de 2010

¿Por qué me gustó tanto G-Force?


Ví esta película durante un viaje en avión cuando el cansancio físico no me dejaba seguir leyendo la novela The Passport de la rulfiana y más reciente premio nóbel de literatura Herta Müller. Me admira este hollywoodense filme porque para lograr que unos cuyos o conejillos de indias (cavia porcellus) sean super-agentes creíbles (visual y narrativamente) se requiere de un tour de force. Se trata de un divertido delirio que recupera una tradición casi perdida de la animación estadounidense (la de usar como personajes a animales antropomorfos como Mickey o Bugs Bunny y no a ciber-androides, esponjas, pollos rostizados, etc.). Las nuevas tendencias en dibujos animados que echan mano de un imaginario artificial -sin evocar animales o seres reales reconocibles- es en parte un signo de la degradación ecológica (estando a punto de extinguirse guepardos y osos panda, éstos sólo pueden ser personajes de filmes didácticos y angustiados, no de cuentos que hablen de nuestro mundo inmediato). Lo más importante, G-Force tiene un puñado de niveles de lectura posibles (es decir, doble sentido, triple sentido, etc): quien ha visto la crueldad que representan esas esferas de plástico que venden en las tiendas de mascotas y en las que se encierra a los roedores para que se sirvan de ellas como "vehículo", no puede menos que ver las escenas de persecución y choques de G-Force como una sátira. Las anécdotas del filme son, además, referencias a diversos géneros dramáticos: hay aquí menores abandonados que descubren su origen, inventores geniales que le fabrican gadgets a los superagentes pero que en el fondo no son más que científicos locos al servicio de la industria armamentista. Soy partidario de la animaloterapia y de la convivencia responsable de los niños con mascotas y creo que entre los animales y los humanos no existen las diferencias abismales que cree la mayoría de la gente, de modo que comparto la ideología animalista de este filme (no muy lejana de la que está presente en Chicken Run).

martes, 25 de agosto de 2009

Vals con Bashir

De Ari Folmn (2008, Israel). La visión de los vencidos no siempre monopoliza el punto de vista moral. Algunos vecedores son suficientemente honestos y sensibles para hacerse cargo de sus propios horrores. Este documental en dibujos animados es una espeluznante narración interna no sólo de la guerra de Israel contra Líbano de 1982 sino de la masacre de Sabra y Shatila. Como el director también es un gran artista el resultado es emocionalmente violento para el espectador. Quienes vean el filme pueden concluir que se trata de una exculpación de la responsabilidad directa de los crímenes del Ejército Israelí durante la masacre para atribuir la entera responsabilidad a otros (las falanges cristianas de Líbano). Por falta de conocimientos históricos no puedo juzgar si es así, pero es evidente que para un espectador cualquiera que no conozca los hechos reales el filme no parece complaciente con los soldados israelíes, quienes al menos son señalados como culpables por omisión e, incluso, se insinúa que los altos mandos de ese país pudieran estar aún más implicados en la tristemente célebre matanza. La psicología de los genocidas directos apenas es penetrada (se trata de cristianos libaneses que, según el documental, vengan la muerte de su líder máximo con una saña y resolución desmedidas) porque ninguno de ellos es un personaje importante del filme. De manera similar, los genocidas directos en Acteal o Ruanda suelen ser vistos como indígenas choles o miembros de la etnia hutu que, respectivamente, actuaron como agentes mecánicos e irreflexivos de políticos de más alto rango. Si bien el filme no prueba con testimonios humanos la responsabilidad inmediata de Sharon como quisieran muchos militantes palestinos (como no se logra probar la de Zedillo o del Ejército Francés, como quisieran militantes pro-zapatistas o anticolonialistas en los casos de Acteal y Ruanda), sí logra una mirada profunda a la tragedia. Se trata de un manierismo culpígena, de una ética que adopta el realismo como deber. Algo muy intenso, muy cierto y muy doloroso aporta entonces el arte, con esta obra cinematográfica, al deber de memoria de los israelíes y de toda la humanidad frente al vergonzoso genocidio de palestinos en Sabra y Shatila.