El búfalo de la noche del director venezolano
Jorge Hernández Aldana (2007). ...it's not the large things that send a man to the madhouse, death he's ready for, or murder, incest, robbery, fire, flood... no, it's the continuing series of small tragedies that send a man to the madhouse... escribe
Charles Bukowski. Basada en la novela homónima de
Guillermo Arriaga, El búfalo de la noche trata de la alienación entendida como locura por contagio. Gregorio es esquizofrénico, lo que no le impide tener relaciones afectivas intensas y profundas. Su amigo Manuel (
Diego Luna) reproduce en cierta manera el transtorno (alucina, se vuelve extremadamente agresivo y autodestructivo) por los sentimientos de culpa, celos, tristeza e incomunicación ligados a su relación con Gregorio y Tania (
Liz Gallardo), novia sucesiva de ambos. De
Charcot a
Foucault, de
Freud a
Hacking, sabemos que la locura es más que una enfermedad mental individual.
Fraude de
Luis Mandoki, México (2007).- Meses después de la elección presidencial del 2006, ahora que tenemos la cabeza más fría, ver este documental nos ayudará a hacer un balance necesario. Mandoki no usa el lenguaje manipulador de otros documentalistas militantes (rápido bombardeo de imágenes y afirmaciones simplificadoras), realiza en cambio una investigación seria y nos entrega una antología de videos y declaraciones. Se le agradece recordarnos hechos, explicarnos argumentos matemáticos y encontrar evidencias reveladoras en medio de la masa gigantesca de video-documentos. Mi dictamen final es que, dada la estrechísima diferencia aritmética entre los resultados oficiales de los candidatos López Obrador y Calderón Hinojosa, sin las irregularidades constatadas el candidato del PAN no hubiese sido declarado presidente en 2006.
Luz silenciosa de
Carlos Reygadas, México-Holanda-Francia (2007). A posteriori, uno agradece haberla visto; durante la función, en cambio, es difícil no echarse una pestañita. "Filme frío" según Le Monde, "no frío, sino de amor abstracto" dice
Valentina Rojas Loa, "la obra maestra de Reygadas" según
Jaime Avilés. De la trilogía
Japón, Batalla en el cielo, Luz silenciosa, prefiero la segunda. El género que practica Reygadas es la transformación del exotismo mexicano (de una ranchería miserable, de la atmósfera alpina y tropical de la Ciudad de México, de los menonitas del norte) en reflexión poética. Sus filmes son ficciones casi tanto como documentales. El cine del nuevo enfant terrible de Cannes puede gustarnos o no, pero vale la pena exponerse a él para mejor conocerse.
A través del universo de
Julie Taymor, Estados Unidos (2007).- Melodrama musical con notas de
malvavisco de fresa, cerveza oscura y tantita
marihuana, sin molécula alguna de
LSD. La también directora de
Frida (2002) y
Titus (1999) se vale del cursi y de un presupuesto faraónico (10 millones de dólares sólo para comprar los derechos de 33 canciones de
Los Beatles) para hacer un filme que, al mismo tiempo que entretiene a cualquiera, investiga el significado de esas canciones que todos cantamos. El filme de Taymor puede servir como introducción ligera a la filosofía de
Lennon y
McCartney (sobre el amor, la izquierda revolucionaria, el imperialismo, la amistad, etcétera). Junto con
La vida en rosa (Francia, 2006), de
Olivier Dahan, sobre la vida de
Edith Piaf, se trata de la globalización de
Broadway, es decir, de buenos musicales cinematográficos, naturalmente comerciales (¿cómo podrían no serlo con la necesidad de recuperar las inversiones millonarias en estas producciones?).
Cobrador. In God we trust. de
Paul Leduc, Argentina-México-España-Brasil (2007).- Leduc había filmado en sepia Reed. México Insurgente (1970) su opera prima. Cobrador, a su vez, es un filme azul y de excelente fotografía (gracias a
Angel Goded). Cuando
Carlos Casagemas se suicidó, Picasso se puso a pintar atmósferas azules, de la misma manera en la que lo hace aquí Leduc. Como lotería o tarot
jodorowskiano, los personajes de esta historia son la foto-reportera, el asesino serial, la hija de los desaparecidos políticos, el gringo millonario, el
guardia blanca (que, en la ocurrencia, es negro), la curandera burguesa, el punk mártir. Festín de asesinos (en la historia), de personalidades (tras bambalinas) y de arquetipos panamericanos (en el más actualizado inventario de nuestro inconsciente colectivo regional). Quizá debamos criticar, sin embargo, el zurcido de las historias originales.
Expiación, deseo y pecado de
Joe Wrigth, Inglaterra-Francia, 2007. Se dice que “más vale tener 10 culpables en libertad que un inocente en prisión” o que “no debería liberarse a los acusados de delitos sexuales contra niños aduciendo falta de pruebas”. El problema es que esas aspiraciones suelen ser incompatibles. La filosofía del derecho es una forma de pensamiento trágico. Pregúntesele si no al juez Burgaud del
affaire d'Outreau o véase esta película cuyas actuaciones, fotografía, guión son de gran calidad (7 nominaciones al Oscar excepto como mejor director porque, por una vez coincido con
La Academia, la realización es convencional).
Sin lugar para los débiles de
los hermanos Coen, Estados Unidos, 2007. La muerte, en vez de ser representada como un esqueleto con
guadaña, es aquí un sicario psicópata e intransigente (
Javier Bardem). A veces, sin embargo, a este sicario -como a la verdadera pelona- le gusta delegar sus decisiones en el azar (quién morirá no está siempre escrito de avance). Si la muerte en
El séptimo sello, de
Ingmar Bergman, apostaba la vida del personaje en partidas de ajedrez (juego de estrategia), aquí lo hace en un
volado (juego de azar). En
Match Point, de
Woody Allen, estrategia y azar deciden conjuntamente la muerte y la justicia. Tres variaciones incompletas sobre una vieja apuesta de vida o muerte: la de
Blaise Pascal. Cuarta variación...
El sueño de Casandra (en México
Los inquebrantables)
de
Woody Allen, Estados Unidos, 2007. En sus últimos filmes (Match Point, Scoop, Cassandra's Dream), Allen está dándole vueltas a un mismo tema (ya presente en Crimes and Misdemeanors de 1989). Se trata de la decisión de asesinar que deben enfrentar ciertos "hombres normales". En el filme, Terry (
Colin Farrell) parafrasea a
Sartre: nunca se está obligado a asesinar, siempre tenemos opción de decidir no hacerlo. Pero el director le muestra, con la historia, que eso es falso (pues, acto seguido, él mismo asesinará). La paradoja, además, es que este personaje que evoca la posición sartriana es nada menos que un
ludópata, un adicto al juego que no puede controlarse. ¿Cómo es posible que pecisamente él diga que siempre hay alternativa cuando parece haber perdido el control sobre sus propias decisiones? Así, los
habitus patológicos sumados al azar parecen ser los elementos que, para este Woody Allen, limitan la libertad humana. La música de
Philip Glass es extraordinaria.